Clasificación de riesgo que decide sola qué proceso corresponde
Aplicar el mismo nivel de exigencia a todos los terceros produce dos fracasos simultáneos: fricción innecesaria en los irrelevantes y superficialidad en los críticos. La solución es segmentar por factores objetivos —sector, jurisdicción, monto, tipo de servicio, contacto con la administración pública, acceso a instalaciones o a datos, antecedentes previos— y definir para cada segmento qué documentación, qué verificaciones y qué frecuencia de revisión corresponden.
En Verdana esos segmentos se definen como perfiles de análisis mediante reglas, sin desarrollo. Cuando un tercero se registra, la plataforma evalúa lo que declaró y lo que arrojaron las verificaciones, y lo asigna al perfil que corresponde: ese perfil determina el paquete documental que se le solicita, el nivel de debida diligencia, el flujo de aprobación y cada cuánto se lo revalida. Si algún factor cambia más adelante, el tercero se reclasifica y el proceso se ajusta.
El efecto práctico es de asignación de esfuerzo. El equipo deja de repartir su tiempo en partes iguales entre trescientos proveedores y lo concentra en los que concentran el riesgo, con criterio explícito y defendible en lugar de discrecional.