El control que sirve es el anterior al compromiso
Cuando la factura llega, ya no hay decisión posible: el bien se recibió y la deuda existe. El único momento con capacidad real de control es la requisición, y por eso conviene que ahí ocurra todo lo que después no se puede corregir: verificación de disponibilidad presupuestaria, estado del proveedor sugerido, umbrales que obliguen a cotización múltiple, y justificación registrada de la necesidad.
Verdana gestiona la requisición con circuito de aprobación por monto, categoría y centro de costo, y con dos validaciones automáticas antes de avanzar. La primera es presupuestaria: el solicitante ve el disponible de su centro de costo en el momento de pedir, y la requisición lo consume como compromiso. La segunda es sobre el tercero: si el proveedor sugerido no está homologado o tiene documentación vencida, la requisición se detiene y dispara el proceso de homologación en lugar de avanzar por excepción.
El indicador que conviene mirar después es la proporción de gasto que pasa por este circuito. El que se ejecuta por fuera —urgencias, facturas sin orden previa, servicios contratados directo por un área— es el que escapa a todo control posterior.