Garantías que se reclaman a tiempo, no se descubren vencidas
El dinero que se pierde en garantías no se pierde por mala negociación: se pierde por desconocimiento. Un equipo falla, mantenimiento lo repara o lo manda a reparar, y nadie verifica si esa falla estaba cubierta. La cobertura existía, el plazo estaba vigente, y la reparación se pagó igual. El problema no es contractual, es de información disponible en el momento exacto en que se decide reparar.
Verdana administra la garantía como un objeto con vida propia, vinculada al activo que cubre y al proveedor que la otorga: su alcance, su plazo, su condición de inicio y su estado en el tiempo. El inicio se dispara por el hecho que corresponda según lo pactado: la recepción del bien, su puesta en servicio, o la fecha del comprobante. Y el vencimiento admite condición compuesta, que es como funcionan realmente las garantías industriales: veinticuatro meses o cinco mil horas de operación, lo que ocurra primero. La plataforma sigue ambas condiciones en paralelo, vence por la que se cumpla antes, y avisa con anticipación sobre las dos.
El efecto de esa cobertura —una extensión de plazo, un reemplazo, una reparación cubierta— se registra como un registro derivado y nunca modificando la garantía original. Cuando dentro de tres años haya que discutir el alcance de una cobertura con un proveedor, la garantía original tiene que seguir siendo legible tal como se pactó, con toda su historia de efectos alrededor.